El Modelo Unico finlandés

15 Julio 2010 - por juanj, archivado en Casos prácticos, Organización

Bandera de Finlandia

Un modelo para gobernarlas a todas…

El pasado mes de Junio participamos – como ponentes y como asistentes – en la edición 2010 del congreso anual que celebra EUNIS, que este año ha tenido lugar en Polonia, más concretamente en Varsovia (grata sorpresa la ciudad y sus gentes, por cierto). Quería compartir con vosotros una de las ponencias que más me llamó la atención, la titulada (cual noticia periodística) “A Common Conceptual Model for Finnish Universities and Polytechnics serves as the basis of a Data Warehouse for Higher Educational Institutes”, algo así como “Un modelo conceptual común para las Universidades finlandesas sirve como base para un data warehouse para las instituciones de Educación Superior“, por Teemu Kemppainen y Heikki Haavisto, ambos del “Finnish IT Center for Science” ( CSC ), una organización dependiente del ministerio de Educación, Ciencia y Cultura del pais nórdico.

Algunas cuestiones interesantes

La ponencia en cuestión, cuyo artículo y presentación asociados podéis descargar de la página del EUNIS 2010, describe cómo la mencionada organización ha liderado la tarea de construir un modelo conceptual de información que da cabida a los principales datos de rendimiento de las alrededor de cuarenta universidades finlandesas. Algunas cuestiones interesantes son:

  • El modelo ha sido fruto de la colaboración ente muy diversos agentes: las propias instituciones de Educación Superior, el CSC, el Ministerio de Educación, Consultores externos…
  • A juzgar por el plazo de ejecución (entre dos y cuatro años, no queda muy claro), no ha debido ser, desde luego, un trabajo sencillo. La versión 1.0 del modelo incluye 350 conceptos que abarcan cuestiones relativas a la gestión económica, gestión de recursos humanos, gestión de la investigación, gestión académica y gestión general.
  • El proyecto forma parte de un programa mayor lanzado en 2008 denominado RAKETTI (adivinad qué significa), cuya finalidad es conseguir la mejora a nivel nacional en la calidad, interoperabilidad y disponibilidad de la información y las soluciones de IT necesarias para la dirección, monitorización y gestión interna de las instituciones de educación superior. Objetivos todos ellos muy loables y que benefician tanto a las propias Universidades como al Ministerio de Educación.
  • Se potencia el uso del modelo desde el propio Ministerio, que se ha comprometido a definir sus necesidades de datos para la financiación utilizando el modelo desarrollado. “Standards come through adoption, everything else is mere specification” que decía David Moldoff.
  • La utilización del modelo conceptual común y sus definiciones como base para la construcción del modelo de datos del data warehouse persigue un objetivo clave fundamental: la comparabilidad de los datos entre instituciones, al compartir una misma definición y unos mismos criterios de cálculo.

El modelo acaba de ver recientemente su versión 1.1, y es de acceso público. Desafortunadamente, está en finlandés, si bien parece ser que existen planes para generar una versión en Inglés.

¿Y España?

Por cierto, en el encuentro de ANECA celebrado en la UIMP recientemente, al que tuve el gusto de asistir, el MEC presentó brevemente el proyecto SIIU (Sistema Integrado de Información Universitaria), que supongo que a estas alturas todos los que estéis en este mundillo conoceréis. No pude sino aplaudir la iniciativa y alegrarme al detectar varias similitudes con el espíritu del trabajo realizado por nuestros vecinos del norte.

Un afectuoso saludo y… ¡felices vacaciones!

Juan Jesús Alcolea.

Las preguntas, en la ventanilla de “Investigación Institucional”, por favor

19 Mayo 2010 - por admin, archivado en Buenas prácticas, Organización

Signo de Interrogación

Buscando una correspondencia

Algo que me ha llamado mucho la atención al examinar varios casos de éxito de I2  – todos en Universidades norteamericanas o australianas – es el hecho de que detrás de la mayoría de iniciativas había una unidad (departamento, servicio o como se quiera llamar) denominada Institutional Research - Investigación Institucional – que parecía ser uno de los principales motores, interesados y usuarios de las plataformas de Inteligencia Institucional. Pero, ¿Qué es Institutional Research? Si cogemos la definición que nos da Wikipedia obtenemos algo así (traducción libre):

La investigación institucional es una categoría amplia de tareas realizadas en las Universidades para dotar de información a los procesos de toma de decisiones y planificación (…) . Los investigadores institucionales recopilan, analizan, e informan datos cualitativos y cuantitativos sobre la institución (…) . Están involucrados en la recolección y presentación de información a los órganos de gobierno, a la población , y varios actores externos (…)
Además de informar, los investigadores institucionales a menudo se involucran en el análisis de datos, que van desde simplemente probar si las diferencias en los datos comunicados son estadísticamente significativas, al desarrollo y utilización de modelos estadísiticos predictivos. (…)

A poco que busquemos en Google, damos con varios de estos departamentos en diversas universidades anglosajonas alrededor del mundo. El tema está tan claramente instituido en la estructura de estas Universidades, que hasta ha dado lugar a una profesión y a los estudios de especialización correspondientes, como este,  o este otro. También a asociaciones como la Association for Institutional Research, o la que parece ser su hermana menor en Europa.

Al tratar de buscar un paralelismo en la Universidad española actual, no consigo encontrar con claridad una unidad de existencia generalizada equivalente. Quizá lo más cercano sean las unidades de calidad. Investigando sobre este tema, he dado con dos documentos bastante esclarecedores sobre el origen y la situación actual de esta disciplina. Se trata de los siguientes:

¿Nos falta una pieza?

Tras leer los dos documentos que os enlazo arriba, creo que ya sé por qué me cuesta tanto identificar la “Institutional Research” en España: al parecer, en la mayor parte de los paises europeos, la práctica está solo ahora empezando a tomar forma, ya que tenemos un retraso histórico de varios años respecto a Estados Unidos, que en el caso de Francia, Italia y España, es aun mayor. Y eso a pesar de que el “invento” en cuestión es de origen Europeo. Resulta interesante leer cómo la evolución histórica y la propia concepción del modelo de Universidad ha contribuido a la potenciación de esta disciplina en Estados Unidos, y a su “atrofia” en Europa. Resulta curioso también ver cómo las preguntas que impulsan a la creación de una unidad de este tipo, dedicada en cuerpo y alma a obtener respuestas, tienen un origen distinto en EEUU y Europa: en el primer caso la mayor parte de las preguntas provienen de la propia institución, en el segundo, de agencias externas, habitualmente relacionadas con la financiación y/o la acreditación.

El caso es que existe un modelo de referencia ya desarrollado en EEUU, que podemos estudiar y adaptar para dar forma a nuestros esfuerzos por dotarnos de esa sana capacidad de autoanálisis e introspección, de interrogarnos sobre nuestra propia realidad, y tener la capacidad de respondernos con garantías.

Hace poco comentaba en otro artículo que uno de los principales escollos que los sistemas de Inteligencia Institucional estaban encontrando para establecerse y dar fruto en las Universidades, era la “orfandad” de este tipo de iniciativas, que en muchos casos no encuentra en ninguna de las unidades/servicios actuales un impulsor claro, decidido, dedicado, permanente y con clara vocación de servicio a toda la institución.

¿Nos falta, quizá, la pieza de la “Institutional Research“?

Juan Jesús Alcolea.

Estructurar la Inteligencia Institucional

16 Febrero 2010 - por juanj, archivado en Buenas prácticas, Organización

Pieza puzzle

To “BI” or not to “BI”

Que el índice de fracaso de los proyectos de BI ha sido – y es -  históricamente alto no es un secreto para nadie. Tampoco lo es que al analizar las causas de estos fracasos, abunden las cuestiones culturales y organizativas más que las técnicas. Construir un DW es, hasta cierto punto, sencillo. Se trata de una herramienta cuya estructura y procesos de construcción están bien documentados, se enseña en nuestras Universidades, y existen desde hace tiempo buenas herramientas en el mercado para ello. Pero hacer que esa herramienta aporte resultados de valor para la organización, que se integre de forma natural como una pieza más en los procesos decisionales y de negocio, no es sencillo en absoluto, y es el escollo contra el que, con más frecuencia de la que nos gustaría, se estrellan las iniciativas de BI.

La tradicional brecha entre TI y las unidades de negocio es más abrupta si cabe en este tipo de iniciativas, en las que los requerimientos son cambiantes, los procesos de toma de decisiones difícilmente estructurables, y los usuarios frecuentemente no conocen lo que la BI puede llegar a ofrecerles. En el caso de la Inteligencia Institucional el problema es, si cabe, aun más acusado, debido entre otras cosas a la complejidad organizativa propia de las Universidades y su fuerte descentralización.

No obstante, la empresa privada ya ha tenido que lidiar antes que las Universidades con los problemas específicos de las iniciativas de BI. En este artículo trataremos de analizar las estrategias que han desarrollado para ver cómo adecuarlas a la realidad de las instituciones de educación superior. No profundizaremos (de momento), pero sí trataremos de dar una visión general.

Aplicar la BI requiere la creación de una estructura organizativa dedicada

Fruto del insistente origen organizativo en la mayor parte de los fracasos en proyectos de BI, surgió lo que hoy es una  buena práctica ampliamente aceptada en el sector y de resultados contrastados, y que se basa en la creación de una estructura organizativa permanente que dirija y dé soporte a la BI. Permanente porque la BI no es un proyecto (=temporal), sino un nuevo servicio interno, una colección de nuevos procesos al servicio del negocio. Específica, porque por su naturaleza y amplitud, la BI no se adapta bien a las estructuras puras tradicionales de TI o unidades de negocio. Esta estructura organizativa ideal consiste en:

  • Un comité director de la iniciativa: el Comité de gobierno de la BI (BIGC: BI Governance Committee)
  • Un equipo de soporte:  el centro de competencia de BI (BICC: BI Competency Center)
  • Un equipo de administradores de datos (data stewards), pertenecientes a las unidades de negocio que alimentan el DW, que asesoran al BICC con conocimiento experto del dominio en lo relativo a las estructuras y calidad de los datos de su unidad.

En la traslación de esta estructura al caso específico de las Universidades radica una de las particularidades de la I2. En una empresa privada, con una estructura jerárquica única y bien definida, la cuestión no es tan peliaguda. Pero en las universidades, con una configuración matricial, varias estructuras de mando paralelas, un alto nivel de descentralización y autonomía , y en ocasiones una cierta volatilidad en los equipos de gobierno, la cosa se complica.

Creo que, al menos en  España, ahora mismo estamos en el punto de buscar ese encaje organizativo: hay inversiones ya hechas por parte de la mayoría de las Universidades para construir un DW, y estamos buscando la manera de rentabilizarlas, de que aporten valor tangible a la Institución. Y a mi juicio, el mayor problema a resolver es precisamente este: cómo encajar en la estructura organizativa una iniciativa de I2 que permita explotar ese DW de manera eficaz y eficiente, constituyéndolo en un nuevo servicio interno que poco a poco vaya enriqueciendo todos los procesos de negocio.

Al menos sabemos que hay una cosa que no funciona: Considerarlo como una cuestión exclusiva del servicio de informática. Esto es una mala práctica ya ampliamente reconocida en el sector. Como ya hemos comentado, es precisamente la parte técnica de la BI la más “fácil” de resolver y la que, de hecho, en la mayor parte de las Universidade, está ya mejor o peor resuelta. El servicio de informática probablemente se vea sobrecargado con un papel que no es el suyo si se le encarga liderar y coordinar una iniciativa de este tipo, con un marcado calado interdepartamental y con una carga funcional tremenda. Lo ideal es que se focalicen en las que son sus responsabilidades naturales -  que no son pocas -, y que en el caso de la I2 consisten en construir, mantener y evolucionar la plataforma tecnologica. Es decir; deben ser participantes de la iniciativa de I2 a través del BICG y BICC, pero no cargar solos con el peso de la misma.

Nivel estratégico (BIGC): ¿Cómo nos ayuda la I2 a cumplir nuestros objetivos?

La dirección y gestión de iniciativas de Business Intelligence ha constituido su propia disciplina, denominada BI Governance. Habitualmente el órgano de dirección toma la forma de un comité – el BIGC que comentábamos en el punto anterior – en el que se encuentran representados:

  • La dirección de la organización
  • Las principales unidades de negocio
  • El departamento de TI

En este comité existe un claro papel preponderante de las unidades de negocio y de los órganos de dirección respecto a TI. La función principal de este comité es patrocinar la iniciativa y establecer la estrategia de BI,  definiendo, priorizando y dirigiendo proyectos de BI alineados con los objetivos de la organización y estableciendo con claridad cuales son los resultados de alto nivel que la aplicación de la BI deberá aportar a la organización. Sin objetivos bien definidos, carecemos de metas. La ausencia de metas impide, por definición, alcanzar el éxito.

A pesar de que el BICG se mueva a niveles estratégicos, debemos huir de objetivos genéricos y facilones. Se trata de analizar cómo la BI puede enriquecer a nuestra institución.  Definir como objetivo “Mejorar los procesos de toma de decisiones” o “Potenciar la explotación analítica de la información”   están muy bien como conceptos generales, o como argumentos de venta de fabricantes de plataformas de BI, pero aportan poca luz a la hora de decidir cómo vamos a sacarle partido a la BI en nuestra institución. Sin embargo, si uno de los objetivos estratégicos de la Universidad es poner en marcha sistemas de garantía interna de la calidad (SGICs) en todos los centros, establecer como objetivo de la BI “Suministrar a los SGICs canales automáticos para obtener toda la información e indicadores necesarios para su puesta en marcha” nos centra mucho más en algo que aporta valor concreto a un objetivo de la institución, y permitirá al BICC definir proyectos y procesos específicos destinados a cumplir este objetivo.

Candidatos a estar representados el el BICG son, a mi juicio:

  • El equipo rectoral, a través de un vicerrectorado (por ejemplo, el de planificación y calidad)
  • La gerencia, diréctamente o a través de una vicegerencia (por ejemplo, de organización o procedimientos)
  • El servicio de informática, a través de su dirección
  • Los servicios de gestión académica, gestión económica, recursos humanos e investigación, a través de sus jefes de servicio
  • El director del BICC (siguiente punto)

Niveles tácticos y operativos (BICC): Un objetivo sin un plan es solo un deseo

El BICC es el equipo que se encargará de la parte táctica y operativa de la BI. Siguiendo las directrices del BICG, su cometido es dar forma y llevar a cabo los proyectos y prestar a la institución los servicios relativos a la BI que permitirán obtener los objetivos marcados por el BICG. El BICC debe tener un marcado enfoque multidisciplinar, ya que idealmente debe dominar varias habilidades, representadas en el siguiente esquema:

Habilidades necesarias en un BICC

(Pulsar para agrandar)

Seamos claros: un equipo así es francamente difícil de obtener. En ocasiones simplemente no existen en la organización perfiles con las competencias necesarias. O si existen, ya tienen puestos de los que es imposible separarlos. Contratar personal nuevo para formar el BICC puede no estar al alcance de todos, o al menos no estarlo en las fases iniciales de la iniciativa, cuando está aun por demostrar el valor real que puede aportar y no sea fácil justificar una mayor inversión. Para solventar este problema, muchas organizaciones optan, al menos en primera instancia, por montar BICCs “virtuales”, es decir, compuestos por personas que tienen (y mantienten) otro cargo en la organización pero que son nombrados componentes oficiales del BICC, al que dedican parte de su tiempo. Aquí la clave es que la vinculación sea oficial y reconocida. Ninguna iniciativa de BI basada en el voluntarismo de los implicados saldrá adelante.

Candidatos a formar el BICC virtual son:

  • Personal técnico del SI
  • Personal funcional y técnico vinculado a unidades de calidad o de estadistica
  • Un director procedente de una unidad de negocio (cuanto más general, mejor), que coordine a los componentes del equipo y al resto de implicados, y que gestione todas las actividades/proyectos/servicios que irán llevando a cabo.

En cuanto a la misión y actividades concretas que este equipo debe hacer frente, dedicaremos un artículo específico más adelante, porque se podría escribir un libro al respecto.

Los administradores de datos (data stewards): Este dato crece en mi jardín

Existe una figura que no forma parte estricta del BICC pero que lo complementa: los administradores de datos o data stewards. Son aquellas personas capaces de aportar un conocimiento experto sobre los datos generados y gestionados en su unidad, así como sobre los procesos de negocio y su modelización. Estas personas son clave, sin ellas la iniciativa no es viable. Ostentan al menos tres responsabilidades fundamentales en el ámbito de la unidad a la que pertenecen :

  • Especificar los criterios para la extracción, transformación y en su caso, limpieza de los datos
  • Caracterizar y tratar los problemas de calidad de datos
  • Participar en la validación de los nuevos datos que se van incorporando a la plataforma de BI, especificando datos de contraste.

Son, por tanto, el complemento necesario del BICC, y su participación, cuando es requerida, suele ser absolutamente fundamental y bloqueante para el avance de la iniciativa.

Continuará…

Creo que de momento tenemos material suficiente para el debate; en un próximo artículo entraremos con más profundidad en la misión y actividades específicas de cada una de las estructuras organizativas comentadas, y hablaremos también sobre cómo los proveedores de servicios podemos aportar nuestro granito de arena para que las iniciativas de I2 lleguen a buen puerto. Mientras tanto, sería estupendo que pudiéramos intercambiar impresiones sobre lo comentado.

Un cordial saludo.

Juan Jesús Alcolea.

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El proyecto “Top 5″ de la Universidad de Washington

9 Febrero 2010 - por juanj, archivado en Casos prácticos

Washington

(Publicado originalmente el 28/08/2009 en el Blog de usuarios de UNIVERSITAS XXI – INTELIGENCIA INSTITUCIONAL)

Hace unos meses, a través del Higher Education Data Warehousing Forum, conocí el proyecto “Top 5″ de la Universidad de Washington. Siempre me pareció una iniciativa muy interesante y desde entonces he tratado de seguir su evolución, con la esperanza de poder aprender algo de su experiencia y tratar de extrapolarlo a nuestro contexto.

Al parecer el proyecto surgió en 2007, según se recoge en un informe de la Oficina de Gestión de la Información, del que hago traducción libre:

“Como parte del plan estratégico, estamos trabajando para responder las 5 preguntas que los Decanos han identificado como las más relevantes. Las respuestas vendrán derivadas de datos provenientes del datawarehouse institucional y serán soportadas por definiciones consensuadas en la institución. Las cinco preguntas identificadas son relativas a recuentos de estudiantes y profesores, créditos matriculados, empleados y presupuestos. Se ha organizado un consejo de Decanos que continua trabajando para la resolución de las dificultades que han surgido. El objetivo es publicar los informes y las definiciones para dar respuesta a las 5 preguntas en primavera de 2008.”

Recientemente se han hecho públicos los resultados, que he estado analizando con interés y que os animo a examinar a través de los diversos enlaces de este texto. Tal y como esperaba, creo que del análisis de este proyecto se pueden extraer interesantes conclusiones. Para empezar, un puñado de – a mi juicio – buenas prácticas:

  • Un objetivo director claro y concreto, centrado en aportar valor a un colectivo de usuarios de negocio: “to answer the top five most critical data questions identified by deans“, es decir, responder a las 5 preguntas de datos más críticas identificadas por los Decanos
  • Un objetivo secundario no menos importante que el anterior: “to stablish a a repetable process for developing future institutional data definitions and reports that answer key data questions more efficiently“. Es decir, que el proyecto “top 5″ sirva de piloto o prueba de concepto para definir e instaurar un proceso repetible que se aplicará en lo sucesivo para generar resultados que respondan a otras preguntas críticas de la Institución de forma más eficiente.
  • La existencia de una unidad organizativa que ostenta con claridad la responsabilidad del proyecto: la Oficina de Gestión de la Información
  • El reconocimiento de la importancia que la participación del colectivo de usuarios tiene en el proyecto (los decanos), y la creación formal de un órgano orientado a canalizar esa participación  (deans’ advisory group)
  • La puesta en servicio incremental, (tan pronto haya resultados de valor) sin condicionar el comienzo de la explotación al 100% de la consecución (“…developed reports than answer most of the Top 5 questions.“)

Por otra parte, también pone de manifiesto las dificultades y riesgos que amenzan este tipo de iniciativas, principalmente la complejidad que se esconde tras preguntas aparentemente simples. Como podemos ver en el informe resumen ya mencionado, para poder responder a las 5 preguntas – aparentemente obvias -de los Decanos, la Universidad de Washington ha tenido que:

  • Lidiar con las 17 dificultades relevantes recogidas en el informe (issues). Un vistazo rápido nos permite clasificarlas en las siguientes categorias (que a ninguno nos son ajenas ):
    • Identificación y tratamiento de casos particulares o excepciones (ie: “counting students in informal, dual-degree programs“)
    • Mala calidad en los datos (ie: “Inconsistent data entry“)
    • Falta de criterios y definiciones institucionales (ie: “Lack of agreement on data definitions“)
    • Limitaciones de los sistemas implicados (ie:”Inhability to do cross-unit accounting“)
    • Integración de datos (“Lack of agreement in job classification codes and their aggregation“)
  • Consensuar entre todos los implicados la definición y los criterios institucionales de 38 términos funcionales (ie:”Faculty“, “Beginning Balance” o “Non-Matriculated student“)

Mención aparte merece uno de los problemas identificados y que me parece relevante por lo específico del entorno Universitario (en oposición a los mencionados anteriormente y que se suelen presentar en cualquier iniciativa de BI independientemente de la naturaleza de la organización): me refiero al que ellos denominan “Complex, not fully understood university organization structure“, es decir, algo así como “estructura organizativa de la Universidad compleja y no completamente entendida”. La complejidad propia de las instituciones de educación superior es también referida en el artículo de Dave Wells “Institutional Intelligence: Applying business intelligence principles to higher education” como una barrera a la hora de abordar proyectos de I2 en las Universidades, si bien añade (pag. 3) que no obstante “estas instituciones conocen bien las disciplinas de la implementación incremental: la práctica de empezar pequeños y crecer de forma sistemática”. Este parece haber sido el enfoque de la Universidad de Washington con el proyecto “Top 5″ y su posterior conversión en una iniciativa de Reporting Institucional.

Las principales consecuencias positivas del proyecto son, a mi juicio, tres, y de importancia capital:

  • Los decanos tienen un canal de autoservicio que responde a sus preguntas “top 5″ (a través de 11 informes)
  • Se ha establecido un proceso repetible para la extracción de valor del DW
  • “Top 5″ ha servido como prueba de concepto, como germen, de una iniciativa institucional más grande: ha evolucionado desde un proyecto “pequeño” hasta la iniciativa de Reporting Institucional , de alcance y calado globales.

Como conclusión final, creo que este proyecto ejemplifica cómo iniciativas concretas, acotadas, con objetivos bien definidos dirigidos por los usuarios y de alcance abordable, si bien no están exentas de complejidad y dificultades, pueden constitutir importantes casos de éxito interno que potencien la expansión de la Inteligencia Institucional en la Universidad.

¿Tenemos en nuestras Universidades iniciativas similares al proyecto “top 5″ en marcha o en mente? ¿En qué nos parecemos o nos diferenciamos de la Universidad de Washington que potencie o limite nuestra capacidad de llevar adelante proyectos de este tipo?

Como siempre, todos los comentarios son bienvenidos.

Un afectuoso saludo.

Juan Jesús Alcolea.